viernes, 24 de febrero de 2012

5 formas para adorar a Dios: Adorar con Nuestro Tiempo (Fragmentos de mi libro: Adoración Integral)

Dios no tiene límites de tiempo. Pero nosotros sí. Es por eso que no deberíamos perder el tiempo en vanas discusiones acerca de cuál día es el correcto para dedicarle al Señor. Simplemente dediquémosle un día a Él. O ¿pasaremos el resto de nuestros días en esta tierra queriendo saber cuál es el día correcto para guardarle? No perdamos nuestro limitado tiempo en esta tierra en asuntos doctrinales. Lo importante es que propongamos en nuestro corazón obedecer al señor, al dedicarle un día de nuestra vida a la semana. ¿Tenemos tiempo para hacerlo, o somos personas muy ocupadas? Analicemos algo: supongamos que trabajamos 12 horas al día (cosa que pocos hacen en nuestro país). Supongamos ahora que trabajamos seis días a la semana, de lunes a sábado, o de domingo a viernes. El orden no importa. Significa entonces que trabajamos un promedio de 72 horas a la semana. Sumemos ahora 1 hora al día para almorzar y 8 horas diarias para dormir. En la semana, habremos utilizado 54 horas más en estas dos actividades. Usamos entonces en promedio, 126 horas semanales para almorzar, trabajar y dormir. La semana tiene 168 horas, de las cuales le quedan 42 para hacer otras cosas. Casi dos días. Imaginemos que utilizamos algunas horas en la iglesia, en el carro, haciendo ejercicios, platicando con nuestros hijos o esposa (o), ¿usaremos unas 15 o 20 horas semanales más en estas actividades? Todavía le quedan unas 20 o 24 horas libres para adorar a Dios. Pero la mayoría de nosotros somos tan ‘ocupados’ que no usamos nuestro tiempo ‘libre’ para el Señor. Y quiero aclarar que no hablo de pasar tiempo metido en la iglesia o cualquier otro tipo de congregación. Hablo del tiempo que dedicamos a platicar con Dios, a escribirle cosas bonitas, a presentarle nuestras cargas a Él y contarle lo que hicimos durante la semana. Eso es pasar tiempo con Dios. Pero la Biblia dice que este día del Señor es para reposar. ¿Reposamos de verdad en el día del Señor, sea cual fuera este? O ¿lo dedicamos a ver fútbol o el resumen noticioso de la semana en la televisión?
Yo creo, y con mucho respeto a las congregaciones en general, que nuestros días de reunión general en el día de reposo, deberían ser mas como un “Picnic celestial” en la tierra. No deberíamos tener programas tan estrictos dentro del templo, sino compartir de un verdadero tiempo de alabanza y adoración a Dios, incluso al aire libre, en donde sea posible, y compartir alimentos de forma que todos nos regocijemos juntos, reposando de verdad delante de la presencia de Dios. Eso es un día de reposo, según mi humilde apreciación. Reposar y regocijarnos en El Señor.
Dedicar tiempo reposando o, trabajando para Dios debería ser una experiencia renovadora, tanto espiritual como físicamente. 
En fin, el día, hora, mes, o el tiempo que utilicemos para servir a Dios también debería ser un tiempo de refrigerio, gozo y reposo para nosotros.
Me permito aclarar que lo siguiente es una experiencia personal: No dedico tres o cuatro horas al día en oración. No voy todas las semanas a la iglesia, aunque no porque quiera dejar de ir, sino por motivos ajenos a mi voluntad. Pero puedo asegurarle que nunca he tenido tiempos de adoración en la presencia de Dios como los que he tenido a solas en mi casa. Tal vez han sido solo de una o dos horas, o treinta minutos, pero ¡que poder de Dios he experimentado en esos tiempos!, pero es porque se los dedico totalmente a Él.
El tiempo que dedicamos a Dios no es cuestión de cantidad. Ya lo decía el Salmo 84:10 al inicio de este capítulo. Mejor un día con Dios que mil fuera de Él. Mejor una hora con El que todo un año dedicado a otras personas o actividades.
No se trata de que dediquemos un día exacto de 24 horas a estar en reuniones de iglesia o arrodillado, tratando de orar a la vez que luchamos con el sueño. Benditos los que tienen el don de poder concentrarse en oración 10, 12 o 24 horas seguidas.

Pero benditos también los que somos capaces de concentrarnos en comunión con nuestro amado Dios, aunque se trate solamente de algunos minutos.
Además, adorar a Dios con nuestro tiempo no es solo pasar tiempo a solas con El. Es también el tiempo que dedicamos a servirle a Él en diversas actividades, como en evangelizar a otros con nuestro testimonio o con la palabra de Dios, dando de comer a enfermos o personas sin hogar, enseñando a niños pobres a trabajar y de la palabra de Dios, o en una brigada médica atendiendo a personas de escasos recursos, todo lo anterior con nuestra mente puesta en honrar a Dios.
Sea cual sea la forma en que utilicemos nuestro tiempo, siempre y cuando esa forma sea para honrar a Dios, entonces le estaremos rindiendo adoración a Él.
(Fuente de imágenes: Google Search Engine)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada